La historia de los israelitas, quienes se quejaron y murmuraron durante sus cuarenta años en el desierto y fueron destruidos, nos enseña que si provocamos la ira de Dios, la lluvia de bendiciones nunca caerá sobre la tierra.
A través de esta historia, Cristo Ahnsahnghong y Dios Madre nos han enseñado una lección vital: en nuestro viaje por el desierto de la fe, debemos mantener un espíritu rebosante de gratitud y nunca perder de vista la gloriosa esperanza del cielo, la meta de nuestra vida.
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