Todas las personas del mundo fueron expulsadas del cielo por cometer un pecado grave que lleva a la muerte. Por lo tanto, debemos recordar siempre que somos pecadores, evitar el orgullo, negarnos a conformarnos a este mundo perverso y vivir una vida de arrepentimiento para ser salvos en el juicio que vendrá después de nuestra muerte física.
Quienes se han arrepentido verdaderamente también dedican su corazón a guiar a otros al arrepentimiento. Así como la verdadera madre y la falsa madre fueron reveladas por sus acciones en el juicio de Salomón, aquellos que han alcanzado el arrepentimiento que lleva a la salvación también revelan su corazón por medio de sus acciones.
No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. Lucas 5:32
Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Lucas 13:5
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